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  • Writer's pictureAcademia Kairós

En Contexto #5: No hacer nada


Fueron 12 días en total: fiebre 37° persistente, cansancio general, pérdida de olfato y gusto, dolor de cabeza intermitente. Me enfermé de COVID-19 sin una causa clara y permanecí durante casi dos eternas semanas en cama. La experiencia fue física y mentalmente debilitante. No existe ningún tratamiento específico, ningún antiviral o píldora mágica para casos leves de COVID. La única respuesta es esperar a que la fiebre baje. Esperar pacientemente a que algo cambie. Intentar hacer lo mínimo. Más bien, intentar no hacer nada.


Esa última parte es, paradójicamente, la más difícil.


A nivel colectivo, hace ya casi un año que no hacemos más que aguardar y vivir el tiempo en torno a la espera. Los días y el tiempo parecen haber perdido su ritmo, su relato, su dirección. Veníamos de un tiempo acelerado y convulso y pasamos a uno en donde el tiempo se acható casi al punto de la quietud. Uno donde la espera se siente eterna y extenuante y los días, las semanas se disipan, se desordenan.


Foto de Byung-Chul Han, filósofo surcoreano
Byung-Chul Han, filósofo surcoreano

Byung-Chul Han en su libro El aroma del tiempo del año 2016 describe nuestra experiencia temporal como vacía y sin ritmo; carente de profundidad y atomizada. Un tiempo de puntos sin relato, amorfo. El diagnóstico lo desprendía de un proceso epocal y también producto de nuestra forma de vida: tras la posmodernidad el relato histórico del avance hacia el progreso ya parece no tener mucho sentido y también vivimos una época de constante invasión de la atención por las redes sociales que impide una experiencia del tiempo continua y densa. Así “la desnarrativización desdramatiza la trayectoria acelerada y la convierte en un zumbido sin rumbo (...) La supresión de la tensión narrativa comporta que los acontecimientos, al no estar ya encauzados en una trayectoria narrativa, deambulen sin rumbo”. (p 55-56).


Esperamos. Hoy a un año del comienzo de todo, seguimos haciéndolo: ya no a la vacuna, sino a que todo vuelva a ser como era. Ese deseo hoy lo permea todo. La esperanza de una “nueva normalidad” enmarca nuestro horizonte temporal.


En el intertanto, aún la pandemia pareciera conservar un potencial de cambio. La idea es que el COVID nos sacó de la normalidad y este estado excepcional nos entrega una perspectiva para mirar las cosas de otra manera. Esto tanto a nivel individual como colectivo. ¿No es la pandemia una oportunidad para reflexionar sobre el camino que llevamos como civilización y cuestionar nuestros hábitos y costumbres? ¿No es la pandemia una oportunidad para conocernos mejor?


Hace un año múltiples filósofos y pensadores participaron del libro “Sopa de Wuhan”. El texto se puede encontrar en internet y contiene reflexiones y predicciones sobre lo que significaría la pandemia. Zizek afirmó que sería un golpe fatal para el capitalismo. El mismo Byung-Chul Han afirmaba que esta pandemia nos llevaría a un estado similar al de la guerra. O Yuval Noah Harari comentaba que la pandemia nos entregaría una gran oportunidad a nivel planetario para cambiar el mundo.


Sería deshonesto afirmar que ninguna de estas predicciones se ha cumplido porque seguimos en el mismo escenario. No obstante, parece interesante el gesto de todos ellos: la necesidad de actuar, opinar, moverse y plantear escenarios de grandes conclusiones filosóficas. Esta reacción hiperactiva parece ser la única forma en la que hemos sabido responder a la crisis. Opinar, moverse, actuar, lograr que algo pase. Hacer lo contrario parece un acto de insensibilidad, de desconexión con la realidad. La presión por actuar hoy es enorme.


Hoy, cuando Internet ha sido la única forma de comunicarnos, también se ha convertido en una vitrina para demostrar nuestra existencia antes los demás. Si hoy no existimos en las redes, no estamos presentes. Eso nos ha condenado a un estado intermedio y confuso: uno en donde deberíamos hacerlo todo y no podemos. E incluso, quizás, no queremos y no tenemos la energía para hacerlo.


Retrato de Gilles Deleuze, filósofo francés
Gilles Deleuze, filósofo francés

En realidad, el problema es la connotación negativa y perniciosa que ha adquirido la inactividad, la pausa. Como respondía Gilles Deleuze en el libro de entrevistas Negotiations (1972 - 1990): “El problema no es hacer que la gente se exprese sino de proveer pequeños espacios de soledad y silencio en los cuales encuentren eventualmente algo que decir. Las fuerzas represivas no impiden a la gente expresarse, sino que las fuerzan a hacerlo. Qué alivio no tener nada que decir, tener el derecho a no decir nada”.


Aún nos queda esperar. Mientras tanto, sí podemos guardar silencio. La reflexión puede transformar el mundo a nuestro alrededor, pero avanza lento.


 

Artículos de interés

Si estás interesad@ en continuar leyendo, te dejamos aquí varios links a entrevistas, debates y artículos de interés filosófico.

  • Fragmentar, ocupar y resistir: un repaso de la filosofía de Yuk Hui: en el artículo de la revista Crisis se repasa el pensamiento del filósofo chino Yuk Hui quien, a través de una peculiar mezcla de la filosofía alemana y el pensamiento informático, plantea una nueva forma de pensar la globalización y la relación con la tecnología.

  • Epistolario melancólico entre Walter Benjamin y Theodor Adorno: revisa la nota sobre el recientemente publicado libro que contiene la correspondencia entre ambos filósofos alemanes de principio del siglo pasado. Ambos pertenecientes a la “Escuela de Frankfurt” y quienes renovaron el marxismo en el siglo XX.

  • Libertad, igualdad y cuidados: feminismo para hombres: recientemente el historiador francés Ivan Jablonka publicó en español su ensayo “Hombres justos” en el que recorre la historia del patriarcado desde el Paleolítico al presente. En la entrevista ahonda sobre el papel de los hombres en el mundo moderno y el concepto de “hombres justos” para comprender el papel masculino dentro del feminismo.

  • François Fédier, el amigo de Heidegger: revisa la nota publicada en Artes y Letras sobre la vida y obra de uno de los amigos del autor de Ser y Tiempo, quién además inspirado en el filósofo del ser desarrolló un pensamiento personal y novedoso sobre la poesía.

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